José Tomás
No lo es, ni tiene que parecerlo: lo digo, afirmo y doy fé.
Serlo y parecerlo, como ciertas romanas (manumitidas o no) de la antigua Roma o gentiles rubias germanas de la moderna Baviera.
Y hablando de parecidos, cualquier comparación es mas turbación mental que coincidencia ( y haylas, como las meigas), debilidad de género, ¡que se le va a hacer!
Pese a quien pese, se queda más quieto que su homónimo de Galapagar , con infinitos pitones revoloteando la yugular, el triángulo de Scarpa o lo que se tercia. Y tiran a dar.
No se inmuta, aunque no se estén quietas. Una tarde tras otra. Sin notarios, taquígrafos, timbales o alguacilillos; con la afición ansiosa, los tendidos expectantes, y a la expectativa dagas, puñales, perros de presa, cornúpetas y demás familia. ¡ah! olvidaba a los y las espías que merodean, mientras los fedatarios sonríen en el burladero de la segunda suerte.
Y entonces, sin mirar a ningún lado, adelanta un paso, barriendo al unísono sus huellas sobre ruedos de arenas movediazas, desmayando su muleta tranquila para citar al natural, pasandoselas tan cerca que ni el verdadero y autentico José Tomás, en guardias de luna, sol y niebla.
No se mueve de su sitio, quietud frente a inquietud, mientras la realidad, el gobierno y las apariencias engañan. Y mira que miran, incontable plural.
Entonces contará (con o sin poder) las vueltas (idas y venidas) que los pitones ansiosos de tela, cuerpo e ilusiones dan al ruedo (y a los anillos) Y desde la agazapada espera en la tronera del burladero descubrirá con la montera apretada y sin taparse con la esclavina, que rematar en los burladeros puede ser, según interpretaciones y quien lo cuente, el cielo o el infierno, la enfermería o el podio. Pa' fuera de raya de picar o pa' dentro.
Quieto, y sigan las vueltas al anillo, que las prisas y la nieve en la Real Maestranza de la Caballería, no son buenas, no lo digo yo, aunque cosas mas raras se han visto. Cosa distinta es una nevada bien caída donde y cuando debe.
Quieto y que la calma de la quietud destile la pasión de la procesión (y los triunfos) que van por dentro,
Solo ante el peligro en el centro del universo, visible a y con todas las luces del vestido del torear. Y la que quiera(entre otras cosas) que mire.
Quieto, que no te confunda la falsa afición de aquellas que solo abren los capotes para recogerte en propias querencias, reculando en tablas, las mismas que creen que con dos vueltas al redondel se soluciona (el tema sin enmienda) y en vez de cambiar de tercio pretender cambiar de anillo. Repiten las rayaduras y no los anillos.
Quieto como Gary Cooper, como el de Galapagar; reencarnados Tancredos de luxe.
Quieto para comprobar, que hagas lo que hagas, digas lo que digas o te muevas lo que te muevas , te crucificarán igual: todas y cada una de aquellas que confunden (entre otras cosas) fervor, devoción y arrebato; de todos y cada uno de los mirones de barrera. Más cornadas da el hambre, la ansiedad y comer con los ojos.
Entre José Tomás, monárquicas, repúblicanas, princesas nibelungas o patricias romanas, eres Rey, nunca mejor dicho.
"El Rey" (José Alfredo Jimenez,) cualquier versión e interpretación excepto Luis Miguel
