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Cae....

Y cae la tarde…
Ese pequeño imperio de los sentidos que todos llevamos dentro… cae tarde pasa la vida, y el sol del poniente se despide hasta mañana…. Luego caerá la noche
El olor a lluvia, humedad, tacto, sentido, vista, olfato… emociones. No contaré mas no quiero ponerte los dientes largos  y estás arrepentida…, volverás a arrepentirte....tanto ego, tantas solicitudes hibernando en los estantes del tiempo....los procedimientos de urgencia solo entienden de emociones….
Te arrepientes de lo que no has hecho, de lo que no has vivido y cada tarde es irrepetible, incluso estas de otoño cuando llueve y afuera sacan los coches en vez de los paraguas, se enganchan a internet en vez de consentir la tarde, nunca llueve a gusto de todos, y ahora, la primavera dio el cambiazo con el otoño. Llueve, por si no lo sabes...
Cae la tarde… sucede la noche….y me temo que si el cielo puede esperar, la sensibilité et la exquisité de los momentos es mas pasajera…va a caer el amanecer empapado en nubes.
Caerán castillos de naipes y torres altas, los calendarios y los minuteros, caerá la ropa en el suelo y un rato después se levantará, cae el imperio de los sentidos…. Cae otra pinza en el tendedero...

Cae otra alusión.

“Candy "(P. G. Nutini) por Paulo Nutini, en su disco   Sunny side up, 2009

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Nada (el cepillo de dientes)

Nada trajo, nada se tuvo que llevar, tuvo suerte y solo puso de patitas en la calle el  cepillo de dientes. Tenía un aire ciertamente sexy, como para citar de lejos y doblarse por bajo, agarrarla de la cintura,  y darle dos  series  breves e intensas  de naturales… Iba a ser que no.
Rayadura del calibre 33 o del nueve corto, según se mire. Y le coloca, ese cepillo de dientes que ella misma le había propuesto, en la calle, de patitas en la calle, sin anestesia, con un leve portazo (pudo ser peor). Total podía haberlo tirado de la basura, con lo bien que se le da tirar…
Sin besos, sin prudencia, sin reproche, un arrebato, una incontinencia…. vete tu a saber de que… misterio insondable. Se juntará con las libretas y los cuadernos, esos cuadernos donde apunta todo  con precisión milimétrica  a cambio de nada, eso decía...
Nada (él), le prometió. Todo lo quiso (ella) hasta el aliento y los respiraderos con la urgencia que recomienda la falsa prudencia y  la pasión con prisas que le recomendó un par de cervezas, que tan bien entran, mejor saben y nunca sabes por donde pueden salir. Y entonces a ella le brillaron los ojos y abrió sus compuertas tan celosamente cerradas durante siglos… y debió, aparte de apuntar en la libreta,  imaginar… el cuento de la lechera. Y mientras se alisaba la melena treinta veces por minuto, y se ajustaba el jersey tapándose el culín, curisoso, por cierto,  más curioso aún, no se porqué se lo tapaba, se  puso filosófica y cambió los tercios habidos y por haber sin desmonterarse (ya habría tiempo de quitarse cosas, pudo pensar) y ello condujo a todo lo demás: se quitó, se puso, se volvió a quitar, encima, debajo, de lado, se arropó y todo lo contrario… y así hasta llegar hasta el cepillo de dientes.

El resto imaginarlo... ser generosos....


"Hello "(M. Solveig) por  Martin Solveig & Dragonette en su disco  Smash, 2011