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Ojos

Esos ojos… y miro… y me acuerdo del dr. X.X.S en su salsa…. Y miro, a los ojos de la gente… a los de liz tailor, bette davis… ojos anónimos… que ojos… mila jovovish… y ojos… ojos… no se acaban, no dejo de mirar.
No se terminan como el cuento de nunca acabar.
No mires a los ojos de la gente, que pesado el Coppini.
Esos ojos destino de canciones y besos entregados al aire, por mensajería y emilios.
Ojos cansados, vendidos o apoyados en vete a saber que quicios.
Ojos que matan, duermen, duelen, encantan: ojos que se adivinan, se intuyen.
Esos ojos, como los tuyos o los suyos. Ojos de colores, color avellana favorito y consentido.
Ojos pintados, ojos lavados, escabechados, en lentillas y al natural.
Ojos que no ven, corazón que no siente, ojos sin preguntar pasan de largo.
Busca, captura y pregunta (y luego lo cuentas) y en caso de duda: mira.

“Bette Davis eyes” (Donna Weiss y Jackie DeShannon, 1974) por Kim Carnes, en su disco Mistaken identity

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Indignaos

Se indigna ( ¡y de que manera!) cuando falla con el estoque, la espada, la cruceta o el verduguillo, tanto monta, monta tanto.

“I wan’t your love" (Nick Christian Sayer) por Transvision Vamp, en su disco Pop Art, 1988.

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Indignaás

Las que escarban emplazadas en la querencia, las que toman a regañadientes los engaños, las que cantan la gallina en el tercio de varas, las que no rematan en burladeros, las que salen abantas de las suertes, las que se miran en los escapartes de reojo, las que alisan el elástico del jersey para cubrir la terminación de la espalda, las que se tragan las sonrisas, las sotas de palos y pelajes variados, las que otean al lado contrario.
Las que se duelen en banderillas, las que reparten gañafones, las que premian con tornillazos, las que se cuelan por el derecho y el izquierdo, las que mansean en el tercio de muleta, las que prestan mas atención a los tendidos que al ruedo, las que cotillean otras faenas, las que hacen hilo a los capotes, las que hacen presa con los engaños, las que sortean derrotes.
Las que se quedan a mitad de camino en la embestida, las que flojean de remos, las que meten la pata hasta el corvejón, las que se instalan en la querencia.
Las que ondean capas, papelinas y melenas al viento, las que embisten solo en los tendidos de sombra, las que buscan la luna en cada embroque.
Las que siempre rezongan y/o refunguñan a la mitad, las que esperan y las que cortan la embestida, las que mezuquean arrimadas a tablas, las que cabecean, las que componen falso trapío, las partidas de resina, las finas estampas sin chicha ni limoná.
Las rechazadas en el reconocimiento previo y en las vueltas de reconocimiento.
Las retocás, pregonás y afeitás.
Y así sucesivamente.
¿Por qué no se indignan?

“Llevame a la luna” (Fly me to the moon) (Bart Howard, 1954) por Eva Cortés en su disco Back 2 the Source.