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Sylvia Kristel, In memoriam

Inolvidable Emmanuel.
Gracias.
Hasta y por siempre.


"Emmanuel" (P.Bachalet). Banda Sonora Original


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Por aquí

Si, estoy aquí. Lo creaís o no.
He saltado charcos y talanqueras, chubascos y nubarrones, me he cobijado bajo encinas y olivos, he dejado pasar amaneceres, noches largas y algunos rones añejos, he paladeado güisquis que no se encuentran, he pescado sin muerte miradas cercanas, he tirado besos al aire y algunas los han creido a pie juntillas.
He perdido la tracción delantera y la he recuperado,  ha llegado el verano y se volvió a escapar entre los dedos, llego la pereza y pasó de largo. Llega el frio y el calor piel a piel,  lo lamentaran los atardeceres lo agradeceran las yemas de mis dedos.
Aguardan los trastos, el esportón y el vasito de plata.
Seguiré por aquí... te rondaré morena... (como mínimo)....

"Crazy Love" (elige tu: Van Morrison, Chie Ayado, Paul Anka, Poco Song.........y  muchos... mas.......y  muchas mas.....)

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Cae....

Y cae la tarde…
Ese pequeño imperio de los sentidos que todos llevamos dentro… cae tarde pasa la vida, y el sol del poniente se despide hasta mañana…. Luego caerá la noche
El olor a lluvia, humedad, tacto, sentido, vista, olfato… emociones. No contaré mas no quiero ponerte los dientes largos  y estás arrepentida…, volverás a arrepentirte....tanto ego, tantas solicitudes hibernando en los estantes del tiempo....los procedimientos de urgencia solo entienden de emociones….
Te arrepientes de lo que no has hecho, de lo que no has vivido y cada tarde es irrepetible, incluso estas de otoño cuando llueve y afuera sacan los coches en vez de los paraguas, se enganchan a internet en vez de consentir la tarde, nunca llueve a gusto de todos, y ahora, la primavera dio el cambiazo con el otoño. Llueve, por si no lo sabes...
Cae la tarde… sucede la noche….y me temo que si el cielo puede esperar, la sensibilité et la exquisité de los momentos es mas pasajera…va a caer el amanecer empapado en nubes.
Caerán castillos de naipes y torres altas, los calendarios y los minuteros, caerá la ropa en el suelo y un rato después se levantará, cae el imperio de los sentidos…. Cae otra pinza en el tendedero...

Cae otra alusión.

“Candy "(P. G. Nutini) por Paulo Nutini, en su disco   Sunny side up, 2009

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Nada (el cepillo de dientes)

Nada trajo, nada se tuvo que llevar, tuvo suerte y solo puso de patitas en la calle el  cepillo de dientes. Tenía un aire ciertamente sexy, como para citar de lejos y doblarse por bajo, agarrarla de la cintura,  y darle dos  series  breves e intensas  de naturales… Iba a ser que no.
Rayadura del calibre 33 o del nueve corto, según se mire. Y le coloca, ese cepillo de dientes que ella misma le había propuesto, en la calle, de patitas en la calle, sin anestesia, con un leve portazo (pudo ser peor). Total podía haberlo tirado de la basura, con lo bien que se le da tirar…
Sin besos, sin prudencia, sin reproche, un arrebato, una incontinencia…. vete tu a saber de que… misterio insondable. Se juntará con las libretas y los cuadernos, esos cuadernos donde apunta todo  con precisión milimétrica  a cambio de nada, eso decía...
Nada (él), le prometió. Todo lo quiso (ella) hasta el aliento y los respiraderos con la urgencia que recomienda la falsa prudencia y  la pasión con prisas que le recomendó un par de cervezas, que tan bien entran, mejor saben y nunca sabes por donde pueden salir. Y entonces a ella le brillaron los ojos y abrió sus compuertas tan celosamente cerradas durante siglos… y debió, aparte de apuntar en la libreta,  imaginar… el cuento de la lechera. Y mientras se alisaba la melena treinta veces por minuto, y se ajustaba el jersey tapándose el culín, curisoso, por cierto,  más curioso aún, no se porqué se lo tapaba, se  puso filosófica y cambió los tercios habidos y por haber sin desmonterarse (ya habría tiempo de quitarse cosas, pudo pensar) y ello condujo a todo lo demás: se quitó, se puso, se volvió a quitar, encima, debajo, de lado, se arropó y todo lo contrario… y así hasta llegar hasta el cepillo de dientes.

El resto imaginarlo... ser generosos....


"Hello "(M. Solveig) por  Martin Solveig & Dragonette en su disco  Smash, 2011

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Llamalo como quieras..

Sobre segundas partes tanto se ha escrito sobre las enésimas tal vez no. El tiempo pasa a velocidad de plusmarca personal y todo parece discurrir por los mismos derroteros. Y caen las marcas, los records, la noche.. Caen las palabras… sólo.. Quería hablar… solo…sólo quería eso...
Los retornos de los eternos y las nostalgias y nada mejor con un bajabragas en nuevo formato, de la cinta casete al tanga hilo, hilo tanga. Alguien dijo música azul, romántica o caramelo. ¿Caramelo? Pon un mp3
Cambian los hábitos de consumo, carne pura y dura, poco o muy hecha, vuelta y vuelta, lo mejor hasta las gotas de ternura envueltas en celofán y sonrisas sin fechas de caducidad o puedo prometer y prometo a entrecots al punto. En el asiento de atrás, suites de lujo o haciendo luna. Los envases de poliestireno conservan el calor. El hielo eriza su piel y refresca al derretirse
Lo llaman el color del amor, como si éste tuviese colores. A veces nos empeñamos en mirar por ese cristal y se mira por los círculos concéntricos de las metáforas y la vida. Y acechachan, los anillos, concéntricos ellos….
Y acechan las rebajas, cuando el tocino tocado por el paso de la noche se convierte en ibérico pata negra.
Lo llaman color o un mal sueño, cuando de repente descubres en que plaza toreaste.
Lo llaman… ya sabes como lo llaman.. .y cuando te quieras dar cuenta no habrá retorno.
Deja.. Deja que suene esa canción las veces que quieras… pero jamás repitas postre…también sabes porque lo digo.


"Love is your color" (L. Lewis) por Jennifer Hudon y Leona Lewis, en la banda sonora original de Sexo en Nueva York 2, 2010

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Astro rey

El astro rey abandonó la talanquera por la meseta de chiqueros y se fue a la cabina, pero sigue siendo astro y sigue siendo el rey. Un rey con amplia colección de besos, teléfonos y pasiones, innumerables, confesables e inconfesables, hasta club de fans.
Todos días toca… como el cuponazo… reparte su generosidad: algunas se conforman con el reintegro, otras con la terminacion y la mayoría con las inmejorables atenciones y besitos..premios y reintegros.
Así son las noches, así las cuentan y así las suspiran algunas mientras el resto mira desde los tendidos, toma nota, pone números y echa cuentas.
La vida sigue igual. El sol brilla en lo alto aunque se dude de los reyes y se incrementen las listas de espera...


"The sun is sunshine" (Bob Marley & Wailers, 1971) en la versión de Funkystar De Luxe.

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Solo a ti se te ocurre

Solo a ti se te ocurre recibir a una poligonera a porta gayola.
Y sabías que podía pasar.
Te lo advirtieron en el sorteo y apartado … pero ole tus cataplines.
Una poligonera descastada, fuera de tipo y destartalada de hechuras (fea diríase, pero es políticamente incorrecto, fea de hechuras, quiero decir), eso si, decías esta embiste… que pitones… si, vaya par de pitones…no nos llamemos a engaño. Vaya si embiste...
Y tu pallá, cruzando la plaza a toda velocidad, mordiendo la esclavina del capote como si fuera masticable.
Mira que el torilero se ajustó la montera dos veces, negó con la cabeza tres y preguntó, por preguntar, mientras de rodillas alisabas el capotín. Y tu, encima desabotonao...
Tres veces te persignaste, con rapidez y alevosía, tres.
Te ajustaste la montera, bajaste la barbilla y asentiste.
Sonó un cerrojo, se abrió el portón.
Y relucía en la oscuridad
Se ajustó los pitones, con andar cansino, el sol reflejaba en sus enormes gafas de sol, los botines blancos…
Y una arrancada impensable.
Revolcón, la ley de la gravedad. Amnesia.
Dios repartió suerte. No quiso saber ni hizo por ti.
Da gracias.

“El coleccionista” (J.Martínez) por Juli & Cía Swing, en su disco Jazz Cañi, 2011



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Argimira y tu

Efectivamente

tiene dos grandes senos

y un collar de perlas

en el cuello
Un infante de bruma

te sostiene el espejo
Aunque estás muy lejana

yo te veo

llevar la mano de iris

a tu sexo

y arreglar indolente

el almohadón del cielo
¡Te miramos con lupa

yo y el Renacimiento!

7 de mayo de 1923

(Federico Gª Lorca a Argimira López)


No eres Argimira, pero corroboro.


"Isn't she lovely" (S. Wonder) por Stevie Wonder en su álbum Songs in the Key of Life, 1976

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Wally

Un consejo, una orden, una amenaza, una disposición, una recomendación… llámalo com quieras, deja a Wally en su cajón y sal...
Sal piemienta y un poco de emoción.
Mejor una emoción fuerte acompañada. ¡Ya!

Ojo avizor. Lo advierto. Seguiré informando….


Pink Panther Theme (E. Mancini, 1963) por Henry Mancini,

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Libre de cornadas

El que este libre de cornadas que tire la primera piedra…hubiera dicho el evangelista Juan si la tauromaquia hubiese existido entonces.
Más cornás da el hambre decía el Espartero, con 15 cornás del siglo diecinueve hasta que el miura Perdigoón (cuando eran miuras de verdad) se lo llevó por delante antes de los 30 años.
y Dios da pan a quien no tiene dientes… dice el refrán…
¿En que quedamos?
Si, la cornada definitiva… con cinco trayectorias, una sube, otra baja, otra ataca la femoral, otra donde más duele: el alma; la que cala hondo y es irreversible.
Va a tener razón el Espartero, que el regimen cuando es involuntario el hambre se lleva faltal.
Advertidos estais, y luego dais el si quiero, a ver que remedio, que tiempo después las cosas o no se llegar a entender o se entienden perfectamente...



“Libre de pecado” (E. Ibarra) por Mimi Ibarra en su disco Compositora, Cantante, Mujer, 1997

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Tampoco importa

Descolgó (él) los zapatos del perchero, ¡que importaba el garito!, ni el resto del mundo, observadores directos o indirectos. Ella era concsciente, preciosa y lo sabía. El, afortunado (nunca mejor dicho) era consciente de su fortuna y de ella; ambos objetos del deseo, deseo de ese mundo avizor, ellos con descaro, ellas con ladino disimulo y envidia oculta.
Ella, rubia sin importancia y con prestancia, de y con mirada suficiente y exclusiva para su afortunado, bailaba descalza; él, ¡que podía importar ! hacia el indio (me perdonen especialmente los arapahoe). Tampoco importaban los hipotéticos cristales en el suelo de la noche, resbaladizo hasta el amanecer y, a más decir, aquella noche no importaba nada, casi nada, incluída la desapercibida y eclipsada camarera de brazos tatuados y senos más que generosos, tetas grandes, vulgar, muy vulgarmente hablando para que llamarse a engaño.
La banda sonora de la noche, de aquella noche era irrelevante para oídos sordos oscurecidos por ojos hambrientos del mismo y único deseo.
El afortunado colocaba con mimo los zapatos a los pies de ella y estos los discriminaban con disimulo una y otra vez, no querían romper ni finiquitar la noche. Tampoco importa si eran Manolos, (posiblemente) o Ferragamos, giraba, giraba el mundo a sus pies, arriba y abajo al ritmo de su aliento, tan sofisticado como su discreta sonrisa. A quien le importa… cantaba Alaska, escribía Berlanga Carlos y asentía Nacho Canut, a quien… pero importaba a todos y todas (aunque no lo pareciera) aquella noche presentes, ellos ávidos de detalles furtivos y sueños imposibles y ellas de atar en corto y con doble nudo (tampoco lo parecía)
En ello estaban y ella se calzó con elegante mimo sus zapatos deslizándose en un adios con el ego y los ojos sonrientes. El afortunado saludaba desde el tercio con ademanes de casa real europea en decadencia.
Y se acabó. Aquella noche no hizo falta que los municipales aguaran (por ser fino) la fiesta ni que el cuarto árbitro sacara el cartelón con el descuento. El pescao estaba vendido y lo afirma quien suscribe, precursor de las vueltas de reconocimiento antes de que las fórmula uno llegara a las vidas de los demás y de que hubiesen inventado los cuartos árbitros.

“ A quien le importa” (C. Berlanga, I. Canut y O. Gara) por Alaska y Dinarama, en Deseo Carnal, 1986

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Otra historia

Aquella noche el maestro había decidido no indultar. Ya en el patio de cuadrillas (con la formacion habitual) se apuraba risueño al darse lumbre pa gozar el cigarrillo de la verdad, gustándose, con retranca, inspiración y pose torera, que no solo por los andares se conoce a los toreros güenos. Mientras, dejaba que el humo se escapara el contralud de la inspiración cortando los murmullos y las risas tontas de las ansiosas.
A ese contraluz su picador lustraba la mona con el dorso de la manga, apoyao en el quicio de la misma noche, al son de los brillos de su chaquetilla, apurando en sorbos cortos.
Ya en el ruedo, se tocó con ganas la montera, previo al paseillo, con andares garbosos, estirandose con gusto. Miraba de reojo los papelillos (¡que fino el papel!, que fino) arrebujaos y quietos en un rincón junto al estribo de la barrera y al tendido.
En la lidia mostaba disposición en quites ajenos y reglamentarios, la paciencia de cerrar terno.
Se abrió el portón, y se inutilizó para la lidia la primera, hubo de correrse turno, y la sobrera de primeras salió suelta, abanta y costó pararla. Clarines y timbales, tercio de varas, se trabajó el fijarla e hizo ademán de cantar la gallina saliendo suelta sin atender a engaños en varias vueltas de reconocimiento.
El piquero que guardaba puerta citó en segunda instancia y de lejos a con la barbilla, palo arriba, como mandan los cánones, dando la voz: y se vino solita, a favor de querencia, aprentando pa' los adentros. Puso un picotazo antológico en justa medida y colocación, dando salida sin carioca ni abusar, y, allí, personalmente, el matador se la llevó por chicuelinas ajustadas, abrochando con una media ceñida, pasandosela cerquita, muy cerquita.
Rompió a embestir en el quite, el maestro se desmonteró sin dudar mientras el coso rompia en miradas y palmas.
En ello el subalterno encargado de la lidia se la llevó mimosamente al burladero de la segunda suerte, dando toquecitos de atención mientras el maestro se disponía, apuraba el vaso y se matizaba el brindis, porque lo había.
Acabado el tercio y presto a retirarse con discreción el piquero de guardia saludó castoreño en mano arriba, guardandose la ovación en la chaquetilla, cabeceando con parsimonia, cabalgando hacia la puerta de cuadrillas a ritmo de trote cochinero, ajustándose sin prisas el barbuquejo. La plaza en pie. La mona lustrada brillaba al sol del poniente. La sonrisa no le cabía en ningún sitio.
El resto no tuvo historia aunque la tuvo: lo habitual en el maestro, brindis ceremonioso, muleteo breve e intenso, con suavidad, arte y quietud, por descontado, precisión con los aceros: lo suyo bien dao.
Pues eso, otra historia.

“Another day” (J. Lidell) por Jamie Lidell en su disco JIM. 2008