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El quite del perdón.

(Con vaselina para los no taurinos)
Cuentan que el maestro Pepe Luís Vázquez Garcés, fuera de sospecha, en sus tardes más horrendas en el último toro hacía el quite correspondiente, se apretaba los machos trazando media docena de chicuelinas descomunales y apuradas o dibujaba un puñado de verónicas de ensueño y ponía boca abajo la misma plaza que un rato antes había abroncado, salvando de este modo la tarde.
Dicen, que pudo ser el origen.
También podría entenderse como quite del perdón un quite de brega o quite providencial, harina de otro costal.(*)
Pero empecemos por el principio
Erase una vez, hace unas cuantas décadas...
cuando había toros, toreros, aficionados... nada que ver con la actualidad (más mentiras que verdades), cualquier parecido de la fiesta de entonces es pura coincidencia ( sur de Francia aparte)
Yo no lo viví, es cierto, pero me han contado, desde los buenos aficionados (incluyo a mi abuelo) a las hemerotecas (ahí están) y otros testigos de excepción.
De todo aquello apenas quedan, eso si, ciertas plazas de toros, como monumentos mas bien, alguna divisa con más leyenda que otra cosa y milésimas de pellizco muy de vez en cuando.
Pero a lo que ibamos. Por partes.
Empecemos por los toros, bravos, fieros y en tipo de embestir, con gran variedad de encastes y juego que exigían el carnet de verdadero torero. Había toro y todo era posible, incluída una gran variedad de quites (hoy mero trámite) y suertes, con un animal mucho menos voluminoso que el actual y con un mayor índice de movilidad, transmisión y cornadas.
Una ristra de matadores, figuras, cada uno con sus formas, respetos, maneras y fantasmas (propios y ajenos) daban la lidia adecuada a cada toro (nada que ver con el derechazo, monopases y el amaneramiento actual o, para otros eufemisticamente técnica poderosa a cámara lenta). La gloria, el olor a cloroformo y sobre todo las broncas por no estar a la altura de las circunstancias (no confundir con una mala faena) eran los ingredientes habituales de una fiesta apasionante en todos sus aspectos, incluyendo la vergüenza torera, a la orden del día. Los tercios, al igual que un buen cocido, completos: capote, varas, quites, banderillas, muleta y suerte suprema (igualito que ahora, vamos), sin entrar en detalles ni nombres que nos podemos encabritar.
Y la afición. El verdadero aficionado se extinguió hace algún tiempo (Las reliquias del archiconocido 7 de las Ventas serían el equivalente de los indios sioux en las reservas norteamericanas) Nada que ver con la afición actual, moderna mutación del faranduleo. Mas que a ver toros y toreros van a ver y ser vistos. Hoy es rarísimo escuchar una bronca en una plaza de toros y mira que se hacen cosas mal; las faenas ( y los diestros) son el colmo de la vulgaridad y los toros... ejem... La última bronca debió llevarsela Curro Romero para su inigualable colección.
Lo importante es el computo de orejas, rabos y vueltas al ruedo y sobre todo te veo, me ves, hemos visto. Si hay broncas, son otro de otro tipo. Importa la estadística aplicada.
La fiesta actual es un sucedáneo, quizás un reflejo de la sociedad coétanea y no la salva ni el quite del perdón, ese quite que hacemos al torero pegapases recaudador, al empresario que hace los carteles con la calculadora, al ganadero que mete garrafón a diestro y siniestro, y ,también como no, a la mala prensa, prensa mala, cooperadora necesaria de todo este tinglado (cuanto nos acordamos de Navalón y Vidal (*), le duela a quien le duela).
Y a pesar de estos pesares, que quede claro no, clarísimo, el mayor de los respetos hacia todo aquel y aquella que se pone delante del toro, por muy afeitado que esté (paradojas de la vida primero les ponen unas fundas en los pitones y luego, se las quitan...)
Podríamos seguir por los siglos de los siglos. Amén
Con estos renglones torcidos espero, lector no taurino y anónimo, que tengas una ligera aproximación al quite del perdón, que como puedes comprobar, no he inventado yo. También podrás comprobar que hay más opiniones parecidas al respecto. Y tendrás una remota idea de este tipo de quite.
Para detalle exacto: consultar la biblia taurina, el Cossío (en cualquier biblioteca que se precie).
De la tauromagia, su retórica y la aplicación del quite del perdón hablamos, escribimos, otro día, si se tercia.
Mientras tanto abre bien los ojos, empapaté la noche y gozala (el Fury dixit).
Va por ti.

(*) Ver post El Quite del Perdón (2) fragmento de una crónica de Joaquín Vidal, diario "El Pais" octubre 1993.

"Romance de valentía" (Quintero,León, Quiroga) , según la versión de Emilio El Moro (extraída de la prueba de sonido de Los Enemigos, Santiago de Compostela, 2000; Josele Santiago: voz ; Manolo Benitez: guitarra)

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1 comentarios:

Anónimo dijo...

La cancion cojonuda. No la conocia.