Anónimos
No mentaremos el trapío y/o los pelajes, (berrendas no darse por aludidas), tampoco los ojos color avellana (me privan) o tu sonrisa semiperenne, y esa carita de yo no he sido pero podrías serlo, perfectamente. Tiene su encanto. Te lo digo.
Tomabas con codicia los engaños, probabas la embestida, dabas juego en cada lance, cruzando atentamente miradas en cada embroque.
No entendías, ni nosotros entendemos, razones obvias, distintos entendimientos. Técnica y biologicamente no puedes hacerte la picha un lio aunque en la práctica así sea y dicho parezca grosero, pero tales líos suelen salir gozalones.
Algunas cosas, inventario incluido, serán explicadas sin preguntar en su momento. Otras, el tiempo y quizá la experiencia, se encargarán de hacerlo.
Y allí, en la arena de un ruedo, con o sin pianistas, sonaban clarines y timbales aunque vieramos contrabajos, bateria y piano, para trocar una noche fría y huérfana por un amanecer piel a piel confortable y con vistas. Los matices artísticos a criterio del diestro aunque sabrás que las mejores estocadas siempre buscan el hoyo de las agujas y hasta la gamuza, en la suerte natural, con o sin volapié. Y pedirás estoque como agua el sediento; tomarás cuantos vasos te ofrezcan y nunca te saciarás.
Ya contarás si los puyazos de J. Walker (levemente señalados y en vaso largo, signo de nuestros días) fueron buenos y efectivos, supongo, si no es mucho suponer. La puesta a punto como el buen sabor de boca otra cosa es, llámense Mercedes o los seiscientos. No entraré a ningún trapo conceptual. Quedaté con el caviar, que donde menos esperas saltan las liebres.
Y fijaté, mas que Domecq te veo Santacoloma. Desconozco si estilas santidad o diablura, ambas cosas o ninguna. Tu ojo avizor casi tan fiable como el mío y, las Santacoloma buenas son una delicia, aunque te fijes en otros detalles, hay que hacer las cosas bien hechas: tienen pronto aprender. Las marrajas, ni mentarlas.
Después la hora de la verdad, besos, despedida y cambio de tercio. Puesta la suerte, los rayos del amanecer (aunque ames la luz ausente) destilarán el resplandor del vestido torero sobre el reposapiés, la taleguilla arrugada en el suelo conversando con tu lencería, de incógnito y a oscuras, mientras algún pensamiento persigue las caricias desmayadas sobre tu piel, con la cadencia de naturales eternos y profundos cargando la suerte, mientras los pitones devoran los milímetros de tu epidermis envueltos en sombras de luna. No busques las luces del vestido torero. Fueron apagadas para ti.
Tal vez tampoco lo entiendas pero lo has sentido y disfrutado. Es como el agua, el aire o la esencia de la tauromagia, quizá no lo sepas explicar pero si disfrutar y contar. Cuéntalo, no lo publiques y hallarás el límite de los gozos vividos, los socialmente prohibidos y, a su vez, anehaldos y los furtivos; sobre la montura caerán las riendas del amante bandido.
Bienvenida y, ante todo disfruta y exprime hasta la última gota. Seré discreto y un caballero pese a la mala fama entre las Santacolomas.
Y caigan donde caigan las riendas, hasta el rabo todo es toro. Simplemente, tenlo en cuenta.
"Romance Anónimo" (anónimo)

3 comentarios:
No vuelvo a quedarme un sábado en casa, imagino que esto sucedió el pasado, mientras "el compadre" acudía a ver si cantaba la gallina.
Se equivocó la paloma, se equivocaba. La gallina salió por peteneras...
¡que caldos tan maravillosos hacían nuestras abuelas con las gallinas viejas...!
Caigan donde caigan las riendas, el post tiene la sensualidad que evoca recuerdos, los más cadenciosos.
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