Retienta
Retienta, la vaca princesa hija de la reina e hija, a su vez, del semental emperador (el mayoral, amigo de la tricolor, apadrinó el bautizo)
Bien armada, astifina, veleta, con soberbia reata y nota brillante de tienta, eso dicen los libros y las evidencias.
Salió domek, la cinqueña, arrebañando el aire de la media noche, con presencia y tronío.
Y allá donde maestros, veteranos y cuchilleros mayores no se atrevieron a planear una voz atizó la tapia de la impaciencia para volar hasta el infinito un atrevido maletilla obcecado por los cortijos de sus pitones. Citando con verdad en terrenos suicidas y, dandole sitio, se la trajo toreada, por abajo, calibrando la suavidad de una cintura gastada que embestía sin cesar, gustándose, abrochando las suertes en la cadera, cuidando el aire entre serie y serie.
Fueron aviones de todo tipo, los que planearon, aterrizaron y amerizaron en aquel ruedo extraño, mezclando las emociones criadas en barrica con las tortas que sacian el hambre, cuando se tiene. Y entonces los manantiales de los placeres por descubrir son inescrutables. Se saciaron hambrienta y sediento, donde torres mas altas salieron de naja.
Lo ve lo ve, decía el mayoral, calándose hondo la visera mientras el ganadero garabateaba en el cuaderno con tapas de hule.
(Cosa aparte es repetir cortijo todas las noches)
Vista.
“Buona sera” (P. De Rose, C. Sigman) por Louis Prima en su disco The Wildest, 1957

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