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Caperuzita (2)

Nada más dar el primer paso, el del taburete de la primera suerte se ajustó la taleguilla con relativa discreción, tapándose con el compañero que se apretaba los machos. Los del medio mirando por el espejo de la columna.
Se cortaba el silencio y el tiempo. Desde el taburete del fondo que guardaba la puerta de excusados alguien se frotaba las manos, no se sabe si por falta de higiene o por plena ilusión aunque no siempre ver la fiesta mas de cerca garantiza tocar pelo.
Los lobeznos truchitos preparaban, por si acaso, las varitas de su color favorito para aprovechar el viento a favor y las querencias.
Al segundo paso y antes de que Caperuzita rematara en la barra y con el silencio sepulcral, la autoridad (o sea se el jefe de barra) al quite y previas rapidísimas deliberaciones consigo mismo y empinándose dijo:
¿que le sirvo?
Que no es lo mismo que decir que le pongo o que quiere o que va a tomar o lo que realmente desea, quereres de servida, servidores, ansiosos y deseosos.
No hubo lugar a la contestación, salió suelta de la suerte en dirección a los servicios, toaletes, seamos finos, como el perfume que invadió el improvisado coso.
Abanta, se oyó una voz.
Atanasia, digo yo.
…/

The micracle of love” (A. Lennox- D. Stewart) por Eurythmics, en su disco Revenge, 1986

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