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Citaste de lejos.

Citaste de lejos, dando el cruce y vestida para matar, perfil de medio lado para cargar la suerte, y run run en los en-tendidos barruntando expectación.
Se te arrancó en la distancia para beber los vientos de tu capote y la sombra de los alamares en tu sonrisa; toreabas (nunca mejor dicho) de salón en las tablas de un bar de copas.
En vez de traértelo toreado, bajar la mano, acompañar el cite, vaciaste, con un pase de aliño, su noble embestida, ayudándote de tu escote fuera de cacho y un pico de oro tan mentiroso como tus alamares.
Y dentro de la raya (piensa lo que quieras) fina estampa, la tuya, componiendo la figura, acompasando la melena, la pierna un paso atrás y la falda dos adelante, barriendo la arena con presencia y aromas caros. Bufaba la noche, firmes las banderas.
Citabas y recitabas con los tacones atornillados en el albero, el ombligo adelantado y los golpes de melena dos pasos retrasados y el morrito ondeando carmín afilado, molde de eternos besos entregados al aire y bajonazos haciendo hilo.
Un espontáneo quite del desengaño, a pies juntillas y templando las puntas sin enganchar, cambió afortunada y definitivamente los terrenos, dejándote, para bien o para mal al otro lado del olivo.
Lo demás que importa: no quisiste verlo por ninguno de los pitones (los suyos) pá' que te voy a contar.
Citabas, de lejos, con la barbilla y se te arrancaban para bucear en el embrujo de tus cuartos traseros, al compás de la aguja de tus tacones y el sentío perdido de las costuras de tu ropa interior.
Citabas, y embestían pastueños, obedientes como un carretón bebiendo los sueños de una faena imposible mil veces soñada en pos de tu cintura.
Citabas y citabas por activa y por pasiva.
Citaste en general y no te servía ninguno en particular.
¿Quién ponía a quien las astas en la yugular? ¿Quién buscaba el triángulo de Scarpa?
¿quien les mandaría, quién? lidiar con partidas de resina, con cuajo, serias de presentación (y tanto) destartaladas de pitones (de más o de menos), aunque hoy se afeite mucho (eso dicen) y los cuernos no sean tan auténticos (o lo parece) y, además, se enfunden (me consta)
Encierro de expectación, encierro de decepción, dicho no convertible en excepción (añado) y, sí, en alevosa y nocturna crueldad, con rimas, en combinados de escocés y hielo derretido.
Citaste de lejos y cantaba la gallina.
Al final, lo de casi siempre; impecable presentación pero ya se sabe: mansedumbre de solemnidad. Un encaste no suele traicionar, tan solo trabuca más de la cuenta, aunque lo haga todas las noches.
Suerte que no les echaron cuentas aunque hicieran números; y, al encaste, que no se las pidieran, para eso el torito lunero es lo más bonito de la dehesa.
Más suerte no oler a quirófano y torniquetes. Mejor el corbatín por montera y rematar en burladeros de paso.
Y no digas, ya que preguntaste, que más cornás da el hambre.... porque en los medios del bar de copas la noche repartió sueños de faenas perfectas sin premio, mientras citabas de lejos...


"Espero" (José Manuel Casañ) por Seguridad Social, Otros Mares (2003)

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

que pluma escribiente, (que no de estampa) , que arte en el definir y en el narrar. Para cuando un libro relatando avatares y desventuras ??? Suyo para siempre : Polliki de la Pampa

Nick Habana dijo...

Sin duda, Polliki, sin duda. Todo se andará...
Me alegra la aclaración, por que en los tiempos que corren....
Hago mías las palabras del Sabio de Hortaleza: "por ahí ni el bigote de una gamba"

Anónimo dijo...

Fantastica descripción. ¿quien es el torito lunero?

Anónimo dijo...

Espectacular! No como otros que piensan con la picha.
Quiza no comparta la tematica pero escribes de puta madre.
Sigue y no pares.
un saludo.