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Vete tu a saber.

Apostado en el burladero de la enésima suerte y mordiendo la esclavina de su chaqueta, mascullaba la hora de la verdad, sobre el inmenso albero de una noche con vistas.
Los antojos del sorteo y apartado, alejaron quedonas berrendas en cobre, platino y mechas, con presencia y en tipo de embestir.
Le fue enlotada una recortada de hechuras, seria de presentación, más comoda que un murube pasado por la barbería; propia, mas bien, de la Maestranza que de las Ventas, pero con transmisión. Hasta el rabo todo es toro, o eso dicen.
Tras los lances de recibo advirtió un comportamiennto abanto y genuinamente atanasio.
Le buscó la querencia pero más quieta que Jose Tomás, rehuía los envites y esquivaba los engaños, tomando, como no, más precauciones que un Ponce entrado en dudas, ¡paradojas del toreo a pie!
Tras dos buchitos de ron en vaso corto, cambió de tercio sin desmonterarse y, de paso, los terrenos, confiando en las grandes tardes de gloria que este encaste solía proporcionar antaño.
Aseándose, a punta de capote y con una mano la colocó en suerte, en los límites de la raya (abstenerse mal pensados). Después de tomar con prontitud, y empleándose, dos puyazos largos de Arehucas cola, salió suelta de la jurisdicción.
Manseaba en banderillas y llegó más abanta aún si cabe al último tercio, esperando.
Se temía que no rompiera, los peores augurios a las primeras de cambio.
Y aunque el brindis no era procedente no descartó la esperanza de tocar pelo.
Componiendo la figura y sin aspavientos , con una serie de tanteo y doblándose por bajo conseguió que tomara la franela a regañadientes, no había manera: era él el que tenía que embestír. Mundo al revés.
Repertorio más variado imposible, desde temerarios desplantes a molinetes a contra-estilo, incluyendo brindis menores a la luna del amanecer y luciendo, más y mejor que nunca, la teoria de la mano.
No humillaba ni gazapeaba, emplazada en tablas, lamiéndose y relamiéndose más que una venus cruzada con charolés, la faena se tornaba imposible.
Con suerte esquiva y contraria, al final no quedó más remedio que indultar. A la fuerza ahorcan.
Tres avisos y una canción lenta, como en los viejos tiempos.
Saludó desde la tronera de su burladero favorito y apuró el ron.
Una vuelta de reconocimiento , otra al ruedo y, de paso, se alivió como mandan los cánones. Algo es algo.
Testigo mudo un coso, garito libre con tres barras y nombre de leyenda cinéfila, aunque el neón que advierte la noche invoque cualquier bar de luces de carretera, pero no te equivoques.
"Lo que no pué ser no pué ser y además es imposible" que diría Rafael el Gallo.
Allí, con las paradojas de la fiesta, quedó la indultada, con su terno catafalco y plata, inmaculado. Con lo bien que hubiera quedado hecho un guiñapo en un rincón del dormitorio... o haciendo luna, playa, en este caso.
Vete tu a saber.

© Nick Habana. 2008


"Olé Torero" (Patuchas ), Pabellón Psiquiatrico. " La Primera en la frente" (1987).

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4 comentarios:

Manuel Carlos dijo...

Olé, olé, olé... no siempre se desorejan los bichos, pero esa faena a la luz de la luna será recordada por todos los amantes de la tauromagia.
olé¡ toreri.

Anónimo dijo...

Ole , ole y olé.

Anónimo dijo...

¿y tu toreas como escribes? Aclarate.

Nick Habana dijo...

Se hace lo "que se pué" y más vale tarde que nunca, que mas cornás da el hambre.